Y después del Bitcoin, ¿qué?

Las últimas acciones del régimen bukeliano delinean su modo de actuación y cualquier observador de los hechos puede deducir el momento en que los temas colocados en la agenda pública mediática se le van terminando. Veamos un pequeño recuento.

El propio primero de mayo cuando sus diputados tomaron posesión, destituyó a los Magistrados de la Sala de lo Constitucional e impuso a otros obedientes a sus designios; igual procedimiento aplicó al Fiscal General de la República y fue designado un personaje que le reporta directamente a Bukele. 

Ambos hechos, inconstitucionales, fueron inmediatamente rechazados y condenados por la inmensa mayoría de la comunidad internacional y por muchos sectores de la sociedad salvadoreña, pero también dicha medida fue aplaudida por quienes siempre, enceguecidos, dicen “sí” a todo lo que se oriente y se impone desde Casa Presidencial. 

Continuaron mandando a archivar los expedientes que existían en todas las comisiones de trabajo de la Asamblea Legislativa, incluyendo iniciativas como la Ley General de Aguas y la legislación que protegería a quienes ejercen el periodismo en el país. 

Aprobaron mayor endeudamiento y legalizaron la impunidad y la corrupción cometida durante la pandemia, al aprobar la llamada “Ley Alabí”, nombrada así porque es un marco jurídico que busca proteger al Ministro de Salud, Francisco Alabí, así como a otros funcionarios del régimen.

De manera paralela a estos acontecimientos, se desarrolló otra historia parecida a una novela de terror: el 7 de mayo se “descubren” en Chalchuapa los primeros cadáveres de un cementerio clandestino, cuyos cuerpos podrían sumar varias decenas. Por este hecho fue capturado en la escena un ex agente de la PNC que ya había cumplido 5 años de prisión por el delito de estupro, y tenía orden de captura por violación agravada, y pese la magnitud de sus crímenes, el nuevo fiscal le otorgó la condición de testigo a cambio de atenuar su condena. 

En fin, mientras la gente se fue enterando por los medios de comunicación sobre el hallazgo de más cadáveres, las autoridades del régimen bukeliano decidieron censurar toda la información relativa al caso y prohibieron a fiscales y policías informar al respecto.

De todo esto estaba hablando la población. Bukele tuvo que defender lo indefendible ante el cuerpo diplomático, hizo malabares de retórica por todos sus medios y no podía impedir que estos temas siguieran en el ambiente. 

Por eso sacó a luz pública el tema del Bitcoin, no sin antes concederle un capricho a Rolando Castro, metiendo preso al ex Alcalde Ernesto Muyshondt, alimentando con ello a sus aplaudidores. Acto seguido cortó relación con la CICIES, luego que hace unos días saliera a la luz el hecho de que este organismo, junto a la OEA, habrían presentado al menos una docena de casos de corrupción del actual gobierno y estaban siendo investigados por la anterior Fiscalía General de la República. Con esto, Bukele cerró el círculo de su propia impunidad. 

Ahora propios y extraños, entendedores y no entendedores, todos están hablando del susodicho bitcoin, la más importante de las criptomonedas existentes en el mercado virtual y cuyo valor tuvo su pico de mayor altura hace un mes, con un precio superior a los $63,000.00 por cada una. Al parecer, algunas medidas tomadas por China hicieron que el precio comenzara a declinar nuevamente. Y luego que Bukele anunció que esta semana buscará convertir a El Salvador en el primer país en usar Bitcoin como moneda de curso legal, el valor de dicha moneda no para de caer, pues ahora está rondando los 32,000 dólares (la mitad de lo que valía hace un mes)

Pocos entienden y comprenden de lo que se trata esta “jugada” del bitcoin, pero una mayoría lo aplaude. Está por verse hasta dónde y hasta cuándo llegan los aplausos. Y después del bitcoin ¿qué?

San Salvador, 8 de junio de 2021.

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