Acabar con la pobreza o acabar con los pobres

En El Salvador la constitución dicta que el primer ciudadano de la república debe ser de formación notoria, lo que significa ilustrado, racional, lógico y coherente. Sin embargo, la gestión del gobierno en menos de un año  demuestra que este principio está alejado completamente de la realidad.

El presidente Bukele y su perspectiva de la vida y la nación, vistas desde la vitrina de la realidad virtual, imagina un país donde cada ciudadano tiene un teléfono de última generación, con datos ilimitados y altas velocidades de navegación como el suyo.

En un país como el nuestro, con profundas desigualdades sociales, la idea de Bukele de imaginar la distribución de ayuda económica por medio de una aplicación digital en un teléfono inteligente,  es tan absurda como dispararle a una pulga con un cañón.

Esta mañana miles de ciudadanos se lanzaron a las calles buscando la cacareada ayuda. Llegaron a las instalaciones de los Centro Nacional de Atención y Administración de Subsidios (CENADE) y fueron recibidos con gas lacrimógeno.

Hombres, mujeres, niños, personas de la tercera edad, madres con sus bebés en sus brazos, fueron víctimas de esta acción cuando trataron de se cumpliera la promesa del Presidente.

Esta mañana Bukele lanzó una bomba biológica, el detonante, el hambre y la pobreza, victimizó a miles de familias que no tienen para comprar un teléfono de 500 dólares y han perdido sus precarias formas de ingreso durante dos semanas de sacrificio y malestar en el encierro.

Les urge la ayuda del Estado y la promesa del presidente Bukele cada vez parece más una fantasía de una mente que vive en un mundo de riqueza y no entiende la angustia de una madre que sufre en la pobreza.

Señor Bukele, entienda a su compatriotas, no se trata de acabar con los pobres, sino con la pobreza. Haga eficaz y real la prometida ayuda, la respuesta no es la represión.

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