Bukele al fin apareció y sin disimular su rostro autoritario

Ayer vimos al presidente Bukele en un escenario fuera de las redes sociales o su protegido despacho, luego de una larga ausencia de más de 2 meses, con una imagen juvenil bien preparada que no pudo esconder su habitual imagen autoritaria y amenazante, pero a la vez contagiado de miedo y desesperación.

Su discurso y respuestas a los periodistas fueron más de lo mismo. En resumen, todos los demás son culpables de la crisis y los otros poderes del Estado están equivocados, Bukele no, y llegó a asegurare que un gran desastre se aproxima y el único que puede salvar a los salvadoreños es él.

También dijo que había pactado una apertura económica con la gran empresa privada y finalmente amenazó que no haría transferencias de fondos para pago de salarios a la Corte Suprema de Justicia y a la Asamblea Legislativa, en represalia por desafiar su divina autoridad,

La realidad es que los salvadoreños vimos con preocupación a un presidente histérico, inmaduro, infantil, vengativo, asustado y desesperado. Lo preocupante no es la proyección de esta triste imagen, más bien nos preocupan las razones de esta conducta.

Como expusimos en artículos anteriores, a Bukele se le terminó el tiempo, no cumplió sus alegóricas promesas y ahora debe rendir cuentas, explicar errores y demostrar logros inventados.

Bukele frente a las cámaras se descompuso, arremetió contra el Fiscal General de la República, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y los diputados, amenazando con no pagar sus salarios, en una vulgar venganza por no acatar su voluntad,

Bukele por ignorancia o por prepotencia amenaza con violar la ley, los salarios de las instituciones del Estado están contemplados en la ley general del presupuesto, nadie ni el gobierno de Bukele puede tomarlos.

Es la errónea política del odio y la confrontación, ante la cual uno se pregunta cuáles son las razones de esta conducta y si será que la necesita, pues de otra forma el presidente Bukele no es nada más que un asustadizo y triste personaje, un raquítico mental sin ideas ni propuestas para gobernar,

Los salvadoreños necesitamos salir de esta crisis, hay hambre y miedo, frustración y angustia por la pandemia, el desempleo y la ingobernabilidad, pero Bukele no ayuda, parece que como los dictadores de la antigua Roma pretende incendiar la ciudad para curar la pandemia, propiciar el hambre para regalar alimentos y generar miedo para consolar al pueblo,

¿Será que Bukele y su gobierno son más dañinos y peligrosos que la pandemia? Ahora hay que evaluar los daños de su esquizofrénico modo de gobernar, hacer las cuentas de lo perdido, las instituciones deben, sin miedo, hacer lo propio y los ciudadanos no quedarnos de brazos cruzados, debemos ser responsables, pero denunciar y exigir lo propio.

19 de mayo de 2020

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