Bukele sustituye su falta de formación académica imaginando el mundo como una caricatura

La visión de vida y la interpretación de la realidad desde la izquierda se basa en la aplicación de las leyes de la ciencia. Es usual que las personas con más formación académica y científica militen o pertenezcan a partidos, movimientos o gremios de izquierda.

También la clase trabajadora rural y urbana autodidacta e incluso sectores vinculados al comercio o pequeños empresarios con formación o cultura humanista o cristiana, ambientalistas, defensores de la diversidad sexual y de los derechos humanos, buscan acercarse a los proyectos políticos de izquierda.

En conclusión, los ciudadanos conscientes de la necesidad de mejorar el mundo para todas y todos los que vivimos en el planeta.

Nada más lejano a la forma y métodos de gobernar de Bukele,  quien seguramente sea en nuestra historia el presidente más errático y visceral que ha ocupado la casa de gobierno.

Cómo es posible que en el contexto de una pandemia global se resiste a escuchar al Colegio Médico, a las universidades o a los salvadoreños más preparados. Ya sea por vergüenza y temor a exponer su incapacidad o por su prepotencia, Bukele se rehúsa a tomar al menos en consideración las opiniones de los expertos.

En El Salvador el presidente Bukele en menos de un año nos ha reducido de una democracia republicana a una nefasta dictadura derechista y retrógrada;  gradual, pero sistemáticamente, continúa golpeando las bases de nuestra democracia, sin respeto a la autonomía de poderes y desobedeciendo las sentencias de la máxima instancia jurídica del país, y lo que es peor, a través de un decreto ejecutivo restringe los derechos ciudadanos y da poderes de represión a la Fuerza Armada y la PNC, recordándonos los no tan lejanos tiempos de las dictaduras militares.

Este domingo 26 de abril, tristemente por medio de su ilegítima forma de transmitir órdenes a sus funcionarios vía redes sociales,  ordena hacer uso de la violencia contra los defensores de los derechos humanos y además insta a los salvadoreños a «defenderse» de las pandillas por su propia cuenta, argumentando que debido  a la pandemia de coronavirus,  el gobierno no tiene la capacidad de garantizar la seguridad de los ciudadanos.

La pregunta obligada es donde está «su victorioso» plan de seguridad y el supuesto «control» territorial, del cual se jacta cada vez que puede.

Los salvadoreños nos preguntamos: ¿será que el presidente Bukele prefiere tomar como base de inspiración para tomar sus decisiones de gobierno a la franquicia de caricaturas  de Marvel y no la Constitución de la República? ¿O tal vez su histérico asesor de seguridad nacional e inteligencia Alejandro Muyshondt diseña sus operaciones y planes contra la delincuencia jugando Nintendo o viendo películas de Netflix.

Como sea, parece que a Bukele nada le funciona, con tanto disparate y locura no ha logrado gobernar como prometió. En realidad muchos salvadoreños pensamos que una evaluación de competencia mental al presidente parece necesaria antes que su mente infantil y fantasiosa destruya a nuestra nación.

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