Como en las viejas dictaduras, la ley sólo la cumplen los oprimidos

Este 1o de mayo de 2020 es un día excepcional en la historia contemporánea salvadoreña,  los trabajadores no pudimos marchar para conmemorar las luchas por nuestros derechos, una pandemia nos obligó a romper una tradición de lucha. El pueblo comprende racionalmente la necesidad del distanciamiento social y la prudencia de buscar otras opciones de conmemoración. 

Lamentablemente el caótico desempeño de los ministros de Seguridad y Trabajo permitió y alentó el rompimiento de la cuarentena por coronavirus,  al dejar realizar una concentración y luego una caravana para manifestar apoyo al cada vez más impopular gobierno de Bukele.

Todo indica que para Bukele la ley y el orden no se aplican a los seguidores y cómplices de su partido;  tal parece que Bukele y su gobierno necesitan más contagios, más víctimas y más pobreza,  para pedir más dinero, más recursos y ejercer más poder y represión.

Según los especialistas en epidemiología, los que sí terminaron la Universidad, a Bukele no le cuadran los números y necesitará de más pacientes para su imaginario hospital construido en dos imaginarios meses, el más grande del mundo, el más moderno, el más cool…

No comprende o no quiere comprender que en los centros de detenciones ilegales que ha instalado su gobierno no hay comida, ni atención médica ni control de ingresos, tampoco que la mayoría de los contagios domésticos son su responsabilidad,  por la falta de equipos para el personal que atiende la emergencia.

A Bukele se le termina el tiempo,  pronto no tendrá justificación para sus erráticas acciones, tampoco para las leyes mancilladas por su prepotencia,  tendrá que rendir cuentas y pagar el costo de sus decretos, y como a sus socios anteriores, Saca y Flores, la justicia también le llegará… Veremos si los aplausos y lentejuelas le serán suficientes para librarla.

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