Cuando la razón derrota al autoritarismo

Este fue un buen día para la democracia: diputados de varias corrientes ideológicas y responsables con la población aprobaron una prórroga a la ley de emergencia nacional por coronavirus, que es una respuesta racional a nuevas medidas represivas y antidemocráticas propuestas por el presidente Bukele.

Esta votación es para el presidente Bukele y sus funcionarios,  quienes parecen desconocer las leyes de El Salvador y sus instituciones, una demostración de que en nuestro país no existe ni debe existir el poder absoluto. 

Tal parece que los diputados están cansados de advertir al mandatario que debe cumplir la ley, abandonar su desprecio anticonstitucional por los otros poderes del Estado y, sobre todo, la absurda idea de que su palabra es suficiente para cambiar las leyes y procedimientos.

Las denuncias de abusos de poder por parte la policía y el ejército, el incumplimiento descarado de las resoluciones de la Sala de lo Constitucional,  el mal manejo de la crisis sanitaria y el maltrato en los centros de cuarentena,  prácticamente  han obligado a los diputados a corregir la plana al presidente.

Sabiamente prorrogaron el decreto de emergencia solo por cuatro días, para lograr conciliar varias propuestas de los partidos políticos,  empresarios, pequeños comerciantes y sociedad civil,  con el propósito de integrar capacidades, conocimientos y experiencias para contener la pandemia y, al mismo tiempo, disminuir el impacto social y económico resultado de las medidas de contención. 

Bukele ya desató a sus mercenarios digitales en las redes sociales, con insultos y amenazas,  como acostumbra hacer, pero la sociedad salvadoreña está aplaudiendo las acciones de los diputados. Tal parece que a Bukele le pasó lo que a Pedrito y el lobo: Bukele  puede gritar todo lo que quiera,  pero ya no asusta a nadie.

Muchos han sido los errores del gobierno de Bukele y muchos los afectados,  pero principalmente el daño potencial de éstos será sufrido por la sociedad salvadoreña, que no es consultada y sí es víctima de la falta de preparación de los actuales gobernantes,  de sus improvisaciones y, en especial, de la combinación de prepotencia e ignorancia en la toma de medidas y acciones para contener la pandemia.

Piense, ciudadano, que pasaría si usted es detenido por la policía y a juicio arbitrario de una persona uniformada es detenido,  enjuiciado y condenado por tratar de obtener alimentos para su familia,  y sufre el absurdo de que también el vehículo que utiliza es incautado.

¿Hasta dónde llegará la locura autoritaria de Bukele al ordenar detenerlo y despojarlo de un bien privado sin ley, procedimientos y reglamentos?

La ignorancia es atrevida y la prepotencia temeraria y tal parece que el primer ciudadano de la república desconoce, ignora o desprecia las leyes y la constitución que nos gobiernan.

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