Cuando las mentiras no alcanzan para ocultar la realidad

Durante estos últimos meses con las emergencias por coronavirus y la tormenta Amanda las condiciones de vida de los salvadoreños vulnerables se tornaron aún más precarias, y todos los demás también estamos afectados de una u otra forma. La cultura popular nos indica que en situaciones extremas o muy difíciles, las personas sacamos lo mejor o lo peor de nuestras conductas.

Bukele no está ajeno a esta natural reacción humana, durante estos meses vimos a un presidente histérico, agresivo, abusivo, manipulador e insensible al dolor de las víctimas de la pandemia de coronavirus y la tormenta Amanda. Repetidas veces trató de sacarle provecho político a la tragedia humana, amenazó, insultó, atemorizo y mintió, todo con la finalidad de generar polémica, proyectarse como líder mesiánico de la nación y mantenerse en la palestra mediática, además de buscar debilitar a sus adversarios políticos e ideológicos y tratar de tomar por la fuerza el poder absoluto.

Las mentiras apocalípticas difundidas por Bukele sólo pretendían lanzar cortinas de humo para obtener recursos públicos y hacer negocios corruptos en beneficio de familiares y amigos, literalmente vendió nuestro dolor y sufrimiento para obtener ganancias personales.

Bukele superó a Saca y Flores, sin disimulo ni vergüenza, exigió a la Asamblea Legislativa dinero, dinero y más dinero, prometió hospitales instantáneos, comida gratis para todos y dinero en efectivo. No cumplió y cuando le pidieron cuentas claras, hizo rabietas, discursos catastróficos, llamados a la insurrección y acusó de homicidio masivo a magistrados, diputados, empresarios y a cualquiera que pidiera cuentas claras y transparencia al gobierno.

También acusó de activismo político a los académicos, periodistas y tanques de pensamiento, como si fuera un delito tener ideología o posición política, en fin, se peleó con todos, acusó a todos y culpó a todos.

Bukele cometió el error de subestimar la inteligencia de los salvadoreños y rápidamente funcionarios honestos denunciaron los procesos corruptos que Bukele y sus funcionarios cercanos ordenaron para la adquisición de productos y servicios necesarios para atender la emergencia por coronavirus.

Las denuncias se incrementan cada día, también las demandas contra el gobierno por información sobre las víctimas de la pandemia;  médicos y enfermeras han proporcionado los datos verdaderos, también los cementerios y los números de muertos acusan a Bukele y sus mentiras.

Ahora también, siguiendo el ejemplo de su máximo dirigente, los activistas del partido Nuevas Ideas desarrollan campañas electorales adelantadas, regalan alimentos propiedad del Estado, semillas e insumos agrícolas y finalmente violan la cuarentena y el distanciamiento social con la mayor impunidad y sin restricciones.

Las mentiras ya no le alcanzan a Bukele, la realidad es demasiado contundente, gritó demasiado «ya viene el lobo» y el lobo ya está devorándonos, los hospitales están colapsados, los millonarios gastos en medicamentos inservibles no curan nada y el hambre propiciada por las decisiones de Bukele sólo crece con cada día.

Las mentiras no curan ninguna enfermedad, tampoco quitan el hambre, pero el descrédito que provocan sí derrumban tiranos.

22 de junio de 2020

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *