Destrucción de la cultura: gravísimo mensaje de Bukele

La orden del presidente Nayib Bukele de destruir uno de los monumentos de la cultura nacional porque “es feo” y simboliza la obra de quienes declaró sus enemigos, lanza una seria advertencia a toda la sociedad salvadoreña por las gravísimas implicaciones que tal decisión evidencia.

La destrucción de los símbolos del adversario es uno los métodos de los grupos de poder y tiene su más dolorosa expresión para la humanidad en las hogueras de los nazis para quemar libros de judíos, eslavos, rusos y bolcheviques (comunistas) cuando Adolf Hitler consolidaba su poder seis años antes de desatar la II Guerra Mundial.

En nuestra región tenemos otro lamentable ejemplo de hogueras para quemar libros en 1973, cuando las tropas fascistas del general Augusto Pinochet derrocaron al presidente Salvador Allende en medio de un espantoso baño de sangre contra el noble pueblo chileno.

En El Salvador solo un gobernante, el dictador Maximiliano Martínez, ordenó el genocidio de sus adversarios y puso en práctica el exterminio de los pueblos originarios y todas las expresiones de su cultura, de una forma tan criminal que estuvo a punto de borrarlas de nuestra historia.

Por esas razones la orden dada por el presidente Bukele a su ministro de Obras Públicas, Romeo Herrera, no puede ser tomada con indiferencia, incluso teniendo en cuenta la distancia histórica y de las sociedades víctimas los crímenes de lesa humanidad de Hitler, Pinochet y Martínez.

Sería tan ingenuo como la creencia de las potencias occidentales que dejaron crecer el nazismo y su inmenso poderío militar creyendo que sería usado solo para destruir la naciente Unión Soviética y su símbolo de lucha exitosa de los trabajadores, campesinos y otros sectores del pueblo.

La frase de Bukele no fue una expresión ocasional o improvisada, sino la orden fue dada en una cuidadosa y bien montada cadena nacional con una reunión con sus ministros la noche de este jueves 4 de junio, durante la cual trató de presentarse como un generoso Mesías de los oprimidos y humildes.

Todo fue preparado cuidadosamente para cautivar al auditorio: la imagen sin gorra del mandatario y su expresión calmada, los informes y las fotos oportunas para descalificar al enemigo político (los 10 años de gobierno de la izquierda) y consolidar los símbolos del actual grupo de poder.

Es oportuno hoy revisar la historia y recordar el poema del pastor luterano alemán Martín Niemoller que está grabado como advertencia para todos los tiempos en los monumentos al holocausto de Estados Unidos y otros países:

«Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada».

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