El conflicto político, la gasolina de la maquinaria mediática de Bukele

Bukele salió de nuevo a la calle como parte de su campaña para hacer creer que trabaja para los pobres y su costoso dispositivo mediático se preparó para mostrar las mejores imágenes de su presencia en una comunidad casi a oscuras, y pese a ese esfuerzo, no pudo esconder el despliegue de su numeroso equipo de seguridad, armado como si fuera a la guerra.

En esta segunda ocasión eliminó las molestas preguntas de los periodistas y su discurso, sin propuestas ni soluciones, volvió a estar lleno de insultos, agresiones y llamados a la violencia, amenazas de retención de salarios como castigo a sus enemigos políticos, y hasta se comparó con Dios, sólo que más severo ya que dice que no perdona a nadie.

También anunció nuevos tormentabisnes –así la gente está nombrando sus corruptos negocios en las emergencias nacionales-, además de casas para todos y ayuda ilimitada, sin explicar de dónde obtendrá los recursos.

Bukele, como su Ministro de Gobernación, no dio datos ni cifras de las víctimas y daños de la tormenta Amanda, tampoco expresó un pésame a las familias que perdieron a sus seres queridos, porque en realidad no hablo mucho de la emergencia y utilizó sus 10 minutos de fama en cadena nacional para insultar.

Fue muy cuidadoso al evadir preguntas o mencionar algo sobre su prometido mega hospital y los criterios de selección de 100 mil beneficiarios del subsidio de 300 dólares, que suman 30 millones de dólares cuyo destino es cuestionado por la Corte de Cuentas de la República y a otros recuerdan los “destinatarios” de Paco Flores.

Con el acto en el puente de Agua Caliente, Bukele expuso a los habitantes de esa zona de Soyapango al contagio de coronavirus al violar la cuarentena y riesgos de un derrumbe o una crecida del río.

A Bukele no le importó exponer a gente humilde a esos peligros, porque su circo y el espectáculo eran necesarios debido a que su imagen de redentor se debilita. Cada día son más los salvadoreños que lo repudian y más los aliados que lo abandonan, y Bukele piensa que con más víctimas, desastre y sufrimientos de nuestro pueblo, su poder se fortalece y crecen las oportunidades de negocios suyos y de su clan.

A Bukele sólo podemos decirle que lo perdone su Dios, porque el pueblo no perdona ni olvida.

Los escándalos de corrupción comienzan a acumularse, los números no le cuadran, la denuncia ciudadana ha expuesto a sus familiares y amigos en turbios negocios con la pandemia de coronavirus. Tampoco logra obtener dinero prestado, porque su conflictivo carácter no genera confianza y la imagen exterior de nuestra democracia está por los suelos.

A Bukele se le reduce su margen de maniobra, culpa a todos de su propio desastre y como buen dueño de antro nocturno, prefiere la noche para sus actos y discursos, como un vampiro de la política o un asaltante de callejón al que sólo la oscuridad le da valor y hombría.

Martes 2 de junio de 2020

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