El Estado soy yo: ¿Se creerá Bukele el rey Luis XIV?

El antidemocrático estilo de gobernar del presidente Nayib Bukele al dirigir a su equipo ministerial como si fueran los sargentos de un cuartel,  impartir órdenes a los demás órganos del Estado e incluso desacatar resoluciones de la Corte Suprema de Justicia despierta preocupación en El Salvador y en parte importante de la comunidad internacional.

La alarmante actitud del mandatario ha despertado incluso inquietudes en sectores de la diplomacia europea que comienzan a preguntarse si Bukele estará viendo en el rey Luis XIV de Francia, el símbolo del absolutismo feudal, a su álter ego.

Al monarca,  que reinó 72 años, se le atribuyen dos frases que identifican nítidamente la vocación de poder absoluto,  la primera de ellas “El Estado soy yo”, pronunciada el 13 de abril de 1635 ante el Parlamento de Paris para vencer la resistencia a 17 edictos reales para aumentar los impuestos.

Varios historiadores relatan que Luis XIV se presentó a la sesión en traje de caza -una manera informal y displicente- y con la fusta en la mano pronunció la célebre frase, mientras otros, como Jacques Antoine Dulaure, aseguran fue una aclaración sobre lo que se entendía en la época por rey y Estado.

La segunda frase es una cita de sus Reflexiones sobre la profesión del rey (Réflexions sur le métier de Roi, 1679), en la cual Luis XIV asegura sin duda alguna que «El bien del Estado es la Gloria del Rey».

El presidente Bukele, que se conozca, nunca ha hecho referencias a la historia de Francia y a Luis XIV, pero ya hay versiones en círculos intelectuales, incluso cercanos al mandatario, sobre su creencia en que el Estado es él y de que el bien para El Salvador es la gloria de Bukele.

Realmente, el actuar del presidente tiende a confirmar esas creencias.

Así, un creciente sector de la sociedad salvadoreña ha comenzado a señalar rasgos dictatoriales en el proceder del mandatario e incluso reacciones que van mucho más allá de lo racional ante acciones que le contradicen, como ordenar el cerco militar al Puerto de La Libertad para confinar a las familias en sus casas durante la cuarentena por la pandemia del coronavirus.

Esa visión responde al proceder del mandatario desde que apenas asumió, cuando desató una ola de despidos de empleados públicos a través de las redes sociales (Se le ordena al ministro…) y adoptó decisiones de alcance nacional sin la más mínima consulta incluso a los llamados tanques de pensamiento de la derecha ni las gremiales empresariales.

Claramente, un actuar dentro de la lógica de “el Estado soy yo”, del cual no dejó la menor duda el 9 de febrero pasado cuando los militares y policías ocuparon la Asamblea Legislativa y el propio Bukele usurpó el estrado del presidente del parlamento, en un criticado y fallido golpe de Estado.

Ese día también Bukele citó al 97 por ciento de los habitantes del país que dice lo respaldan para una insurrección si continuaban las demoras de los parlamentarios en aprobar un préstamo, pero por suerte para El Salvador el llamado fracasó y asistió a la concentración menos del 1 por ciento de los seguidores proclamados.

Es más complejo ilustrar, de ser cierta, la identificación de Bukele con la segunda frase citada de Luis XIV: «El bien del Estado es la Gloria del Rey». Con seguridad están en mejores condiciones de argumentar este asunto el círculo cercano al mandatario, todos convencidos de que el bien de El Salvador es el éxito y la gloria de Bukele.

Señales ha dado de creer que lo que es bueno para Bukele es bueno para El Salvador, respondiendo con una ira descontrolada a la crítica o la menor oposición a sus órdenes, pero ese es un tema más propio para sicólogos.

No obstante, el modo de gobernar del presidente Bukele es una seria advertencia y debe despertar las alertas en la sociedad salvadoreña porque está en la ruta hacia una dictadura.

El autoritarismo de Bukele también es un llamado a las organizaciones de izquierda y progresista, a las fuerzas populares, a los que enfrentaron la dictadura militar cuya derrota costó decenas de miles de mártires al pueblo.

Es un llamado a organizarnos, a la unidad, y hacerlo sin demoras, sin esperar a cuando ya no haya tiempo.

26 de abril de 2020.

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