El Presidente Bukele no es un líder nacional

Cuando se presenta una situación de emergencia, por las causas que fuesen, lo que se espera de un jefe de Estado es que asuma un liderazgo nacional e impulse un plan que cuente con el apoyo de todos los Órganos del Estado y de las principales fuerzas políticas y sociales. Pero ese no es el caso del presidente Bukele, quien en medio de la pandemia por el COVID-19 excluye y calumnia a los sectores más representativos de la sociedad.

El Gobierno que preside Bukele no tiene plan quinquenal, económico, de educación, salud, seguridad o emergencia. Casi todo lo que hace es improvisado por un gabinete mediocre. Se trata de un Gobierno incapaz y manipulador, que ha hecho de la mentira el eje central de su política.

El presidente Bukele ha hecho mucha labor de destrucción institucional. Liquidó la Secretaria Técnica y de Planificación, no ha nombrado la mayoría de gobernadores y tiene un conjunto de ministros no deliberantes y sin iniciativas, que solo obedecen las órdenes que el presidente les da por twitter. El Gobierno está centrado en el núcleo familiar del presidente.

En el marco de la pandemia, la Asamblea Legislativa ha aprobado 91 proyectos de ley, 25 de los cuales han sido vetados por el presidente Bukele. Y mientras la Asamblea aprueba endeudamiento por más de 3 mil millones de dólares, para que el Gobierno disponga de los recursos necesarios para la emergencia, el presidente insulta al Órgano Legislativo y trata de asumir sus funciones mediante decretos inconstitucionales.

El presidente Bukele insulta a la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia cuando ésta anula sus decretos ilegales y le pone algún freno a sus excesos. El presidente no reconoce el marco legal y miente con una asombrosa facilidad.

El Gobierno da señales de descomposición, sobre todo por los casos de corrupción que involucran a muchos altos funcionarios. El presidente no rinde cuenta de sus actos y quiere manejar los fondos públicos de forma discrecional, para facilitar el robo de recursos y fortalecer al grupo empresarial que lo respalda.

El presidente bloquea la apertura económica y ataca a sectores empresariales que considera rivales políticos. También se aísla de los espacios de integración regional y lanza mentiras contra los gobiernos de Nicaragua, Costa Rica y México.

En este contexto de desorden y manipulaciones estalla el hambre. Alrededor de 80,000 personas perdieron su empleo en el sector formal y cientos de miles de ocupados en el sector informal redujeron sus ingresos. La CEPAL estima que la pobreza aumentará del 23% al 40% de los hogares.

27 de agosto de 2020

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *