El Salvador para el mundo: ejemplo de lo que no debe hacerse

Gracias a la gestión del gobierno de Bukele y su pésimo manejo  de la pandemia por coronavirus, El Salvador es considerado hoy en el mundo un ejemplo negativo del ejercicio del poder.

Las críticas tienen múltiples autores: desde médicos, epidemiólogos, abogados constitucionalistas, defensores de los derechos humanos,  periodistas, representantes de las Naciones Unidas, incluso aliados de Bukele en Estados Unidos. 

Todos coinciden en tres señalamientos graves: la agresiva y repetida violación del Estado de derecho, el desconociendo de las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia  y múltiples actos de corrupción con el manejó poco transparente y técnico de la pandemia.

De acuerdo con especialistas del Colegio Médico y de la Organización Mundial de la Salud (OMS),  desde el inicio de las medidas de contención con el cierre de aeropuertos y las fronteras, Bukele y sus funcionarios se equivocaron.

Precisan que en lugar de impedir la posibilidad de contagios importados, propició que estos contagios se propagaran al poner a 400 personas de varios vuelos y diferentes orígenes juntos en un solo lugar de contención, sin hacerles pruebas ni proporcionarles atención médica.

Con esta negligente e incompetente decisión condenó a cientos de ciudadanos al contagio por coronavirus y cuando trató de corregir separando a estas personas en varios centros de contención, el resultado fue amplificar aun más el contagio.

Luego se sumó la deficiente y en ocasiones nula entrega de equipos de protección biológica al personal médico y de seguridad, con lo cual puso en riesgo a los médicos,  laboratoristas, policías y militares.

Diputados y magistrados trataron de corregir los graves errores de Bukele emitiendo legislación para atender la emergencia,  pero, sobre todo, evitar los abusos de poder y las graves violaciones a los derechos humanos cometidas contra la población.

Además, de manera abierta el mandatario desconoció la autoridad y  autonomía de los otros poderes del Estado e intentó derrocar a uno de estos, el Legislativo, el 9 de febrero pasado.

La conducta dictatorial de Bukele ya es de conocimiento del mundo, de los organismos de cooperación internacional y, sobre todo, de los pueblos y gobiernos que en el pasado nos han ayudado. Vale preguntarnos qué respuesta puede esperar nuestro país, hoy, cuando más solidaridad necesita. 4 de mayo de 2020

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