El tirano poco ilustrado

En la historia de la humanidad  varios personajes notables han gobernado sus pueblos y dejado huellas positivas, algunas de las cuales perduran pese al paso del tiemplo: obras monumentales de arquitectura, doctrinas políticas, jurídicas y sociales, democracia y socialismo, ciencia, sanidad pública y la cultura, entre otras muchas expresiones de la obra humana.

Hoy, para la sociedad salvadoreña, vale preguntarnos cuál es el aporte del presidente Bukele y su gobierno.

Por ahora, ese legado es profundamente negativo, pese al fanatizado culto a la personalidad de sus seguidores, muchos de los cuales lo consideran algo así como el líder supremo.

Lo demostrado por Bukele hasta el momento es que es  poco o nada ilustrado,  confunde o manipula la doctrina jurídica en la que está  fundamentado el origen de nuestra república,  miente a los ciudadanos tratando de hacernos creer que el Código de Salud está por sobre  la constitución y llega al extremo de atreverse a gritar que su conocimiento jurídico lo obliga a desacatar una resolución de la Corte Suprema de Justicia.

En síntesis, nada que permita a El Salvador verse con orgullo en la comunidad mundial, sino más bien con vergüenza.

Bukele no tiene la más mínima formación profesional en jurisprudencia y su histeria ya genera peligrosos contagios de la peor enfermedad que ya ha sufrido la sociedad salvadoreña en el pasado,  el militarismo y la opresión.

Todo nos indica que el gobierno derechista de Bukele no es el de un ilustrado,  sino más bien el de un caprichoso megalómano que con el uso de la fuerza pretende imponer su voluntad.

En la historia todos recordamos a Bolívar, Bonaparte, Gandhi, Lenin  por sus aportes en su contexto histórico y por la trascendencia de sus legados hasta nuestros tiempos. Más cercanos todos recordamos a Monseñor Romero, a Schafik Handal, incluso al Dr. Armando Bukele,  quien de estar vivo sería un opositor a las locuras de su propio hijo.

Tristemente para la historia de la sociedad salvadoreña,  Nayib  Bukele será recordado como un dictadorzuelo cuya conducta lo aproxima en la historia más a una caricatura de Calígula que a cualquier dictador ilustrado.

Esperemos que Bukele en su locura no piense en nombrar a su caballo como ministro y no llegue a incendiar nuestras ciudades.

Esperemos que Bukele con su inexistente formación académica no invente más aberraciones jurídicas que  consoliden sus anhelos dictatoriales y su medicina amarga no  nos asesine en lugar de curarnos.

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