En el primer año de gobierno, mentiras y promesas incumplidas

Ha llegado el momento de evaluar el primer año de gestión de Bukele, los retrocesos democráticos, las promesas incumplidas, los impactos inmediatos y próximos de la pandemia por coronavirus, la reconstrucción socioeconómica postpandemia y múltiples demandas e investigaciones por violaciones a los derechos humanos.

De entrada, de las grandes promesas de campaña no vemos el tren centroamericano, ni  ningún plan, diseño o gestión relacionada, tampoco ninguna relación política positiva con los gobiernos de la región, sino tensiones a causa de  la costumbre de Bukele de insultar y degradar a los países hermanos.

Tampoco hay aeropuerto en la región oriental ni conocemos de proyectos o gestiones para su construcción, sólo memorias e imágenes mentales de un anuncio propagandístico durante la campaña electoral,

La anunciada lucha contra la corrupción sólo parece un chiste mal contado, pues Bukele no hizo más que destituir ilegalmente a miles de empleados públicos para luego contratar a familiares, amigos y miembros de su partido, incluso sin cumplir los requerimientos del cargo, además de manipular la ley del servicio público pagando salarios dobles y triples a sus funcionarios bajo la figura de cargos ad honorem.

Y para coronar la oscura forma de gobernar de Bukele y sus funcionarios, cierran todas las dependencias de acceso a la información pública de las instituciones del gobierno para negar toda posibilidad de obtener información pública sobre las contrataciones y uso de dinero del Estado.

Aplicadas esas medidas para garantizar impunidad, inmediatamente Bukele y sus funcionarios iniciaron la adjudicación de millonarios contratos a familiares y amigos, también sin estar necesariamente calificados o certificados para la ejecución de proyectos como el famoso hospital más grande de Latinoamérica.

El Estado de derecho es otra víctima y este año, especialmente durante los últimos meses de emergencia por la pandemia por coronavirus, Bukele repetidamente ha violado la Constitución de la República, se negó a cumplir varias sentencias de la Corte Suprema de Justicia y continúa amenazando a los otros poderes del Estado con un golpe si no se cumple su voluntad.

Ya en este primer año estamos viendo los graves daños a El Salvador de las decisiones autoritarias de Bukele, porque el totalitarismo destruye a los pueblos, los divide, se incrementa el odio, el único beneficiado es el dictador, su familia, los aduladores y los que lo aplauden

El futuro gracias a Bukele no pinta para nada prometedor. Sus acciones sin planificación, su falta de formación académica y su despreció por la academia salvadoreña sólo proyectan al corto y mediano plazo un país en crisis permanente, con una gigantesca deuda externa, sin posibilidades de inversión social ni desarrollo económico.

En el plano social, gracias a la destrucción de los sistemas económicos locales y el paro obligado de la economía popular alimentada por las micro y pequeña empresa, se perderán miles de empleos, lo que produce automáticamente más pobreza, hambre, delincuencia, migración ilegal y violencia.

Sabemos que el valiente pueblo salvadoreño comprende la gravedad de la situación y evalúa bien sus próximos pasos y acciones. En el 2021 habrá elecciones y el riesgo para nuestra democracia con las acciones de Bukele es muy alto, nos jugamos el futuro de nuestra República y una vida de paz y prosperidad para nuestros hijos. o vivir bajo una oscura dictadura.


28 de mayo de 2020

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