Encrucijada: la unidad de la izquierda en El Salvador, ante el descalabro interno

Momentos de división de los revolucionarios marcan períodos, largos o cortos, de debilidad, de estancamiento y hasta de retraso.

Ahora, para nosotros, y después de las derrotas electorales de marzo 2018 y febrero 2019 y después de diez años de experiencia en el Gobierno, consideramos que el momento es propicio para enfocarnos en el pensamiento y la práctica de Schafik sobre la unidad como él la entendía.

Una cosa es la unidad entre revolucionarios, otra las “alianzas” y otra “la construcción de fuerza para lograr poder popular”. 

Citamos las propias palabras de Schafik a pesar de que en numerosas publicaciones han sido destacadas con considerable difusión:

 “La unidad de izquierda revolucionaria en El Salvador es el factor clave de todo nuestro esfuerzo: logramos la unidad de todas las fuerzas de izquierda revolucionaria, sin quedar nadie afuera… llegamos a convencernos a nosotros mismos de que la revolución democrática no es necesariamente una tarea a organizar y promover principalmente por nosotros, sino que en ella podríamos limitarnos a ser fuerza de apoyo, en aras de asegurar la amplitud del abanico de las fuerzas democráticas participantes (1980).”

Estas palabras de Schafik, en subrayado, resuenan con un fuerte significado hoy: o vamos adelante o vamos a la cola, dice Schafik sin ambages…

Ahora 40 años después nos encontramos ante la misma disyuntiva que él planteaba, es decir, asumir o no asumir la conducción del proceso de la transición democrática en un gobierno con fuerza propia, sin delegarlo a ningún aliado, mucho menos burgués.

¿Y cómo estamos hoy?

Después de tantos años de construcción de unidad entre revolucionarios (calificada de ejemplar por muchos movimientos en el mundo) hemos regresado a convertirnos en un partido políticamente dividido, hoy en tres corrientes principales. De seguir en esa tendencia pondremos en riesgo la vanguardia revolucionaria por la que tanto luchó el antiguo PCS y las organizaciones revolucionarias en los años 70 del pasado siglo.

El FMLN, en sus inicios como DRU (Dirección Revolucionaria Unificada) en el 79, luego como Frente durante los largos años de guerra, logró forjar la alianza inicial entre revolucionarios en una unidad sólida y productiva, luego a partir de 1995 en una fusión; y ha trabajado desde el 2004 en la síntesis permanente, en donde inicia un periodo de estabilidad política-ideológica, pero también de esclarecimiento ideológico, que el proceso necesita para dar los pasos adecuados en cada período.  A tal grado que en ese período de estabilidad en unidad ganamos como izquierda por primera vez en la historia del país el Ejecutivo y dos gobiernos consecutivos en el 2009 y 2014.

Debemos reconocer de manera autocrítica que la fase en el Ejecutivo no la supimos aprovechar a cabalidad: Primero para radicalizar la toma de conciencia por el pueblo; y segundo para seguir ampliando nuestro proceso de unidad revolucionaria, al grado que nuestros enemigos lograron introducir, entre nuestras filas de manera temporal, un caballo de Troya: Bukele, con el que lograron confundir a propios y extraños y llevarnos a momentos de debilidad en cuanto a identificación clara del enemigo principal y por ende de la estrategia correcta a implementar. 

Es en tal sentido que hoy el FMLN está en una encrucijada: ¿sabremos mantenernos en un carril de forjamiento productivo de la síntesis entre revolucionarios que somos para cumplir con la aspiración de seguir construyendo vanguardia de la revolución socialista, o retrocedemos a una fase en la que los revolucionarios se dispersan en pequeños grupos?

Parece que entre nosotros hay compañeros que han llegado a la conclusión que este árbol frondoso, del que Schafik alguna vez se enorgulleció, ya no sirve, ya es inútil,  que ya no tiene sentido seguir regándolo y que es preferible volver a imaginarias raíces más puras, supuestamente “más revolucionarias”.

Creemos que el frondoso árbol de Schafik o el “tronco” de Fidel (como Fidel Castro llamó a la Revolución), formado por todos los revolucionarios del país, todavía tiene sentido histórico.

¿Y por qué es necesario cuidar y abonar este árbol?

Es que es la única fuerza que ha sabido luchar por el pueblo; porque es necesaria una vanguardia; porque no podemos regresar a una época de debilidad de medio siglo atrás; porque hay posibilidades de dar un salto, hoy con la experiencia adquirida de las debilidades y errores que se cometieron en el primer ejercicio del poder de gobierno del FMLN, experiencia que hace 40 años no se tuvo.

También debo decir que nuestro árbol no es perfecto, tiene problemas y ha sufrido desfiguraciones.

De manera autocrítica debemos reconocer que durante el tiempo en que ejercimos el poder en el gobierno aplicamos una política casi socialdemócrata, a lo sumo progresista, posición que nos desvinculó con lo prometido al pueblo. Con eso hay que ser consecuente y hay que entender que en otra ocasión no podemos volver a cometer los mismos errores.

Se manejaron mal el tema de los valores, salarios dentro de las filas de los que han sido funcionarios de gobierno y del Estado. No pudieron transformar, desde nuestra perspectiva, el aparato del Estado. Tenemos que recuperar rápidamente el tejido popular, y estamos obligados a recuperar rápidamente la confianza del pueblo.

No abona a la unidad el hecho que un grupo que se auto-denomina “dirección joven” hable en conferencia de prensa en nombre de toda la dirección, sin siquiera invitar a alguno de los dirigentes históricos integrantes de la nueva dirección, como despreciando o desconociendo su aporte al proceso revolucionario, complaciendo a los adversarios políticos.

Con esta conducta ese grupo cae en la trampa divisionista que nuestros enemigos siempre tuvieron prevista para el FMLN: la de “renovadores contra ortodoxos”, la de “dirección contra bases” o en este momento la cacareada “división generacional” dirección joven y dirección vieja.}
A 14 años de la muerte de Schafik insistimos en lo ya dicho por él: “el rumbo no debe perderse. En este camino algunos se quedan y pierden el rumbo y creen que si empiezan a bailar para un lado al otro y van a permitirles que sigan siendo diputaditos y alcalditos y por eso dicen que somos duros y radicales y que el país necesita una izquierda duro blandita”.

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