La filosofía de Bukele: miento luego existo…

Desde el inicio de la carrera política de Bukele como alcalde de un pequeño municipio hasta su cargo actual cómo presidente de El Salvador, una característica ha resaltado su carácter y perfil político: la costumbre de mentir y manipular la verdad.

Todas sus acciones públicas se desarrollan con ensayo y teatralidad, convirtiendo cada posibilidad de comunicación con la población salvadoreña en una oportunidad para utilizar el neuromarketing y la neurociencia comunicacional para lograr una imagen artificial de redentor mesiánico y de experto en cualquier campo del gobierno.

Otras características de su modo de gobernar pueden registrarse como autocráticas y centralistas, nada se mueve sin su aprobación y todos sus funcionarios deben estar atentos a sus órdenes y mandatos.

Varios académicos y periodistas han señalado que en cuanto a buena gobernanza e institucionalidad democrática Bukele no entiende nada, sus órdenes no deben ser discutidas ni cuestionadas, simplemente deben ejecutarse sin duda ni reparo, incluso si esta acción o proceso viola las leyes de la República.

Este preámbulo tiene por finalidad tratar de explicar la crisis sanitaria y económica producto de la pandemia por coronavirus y también la grave crisis de institucionalidad democrática.

La crisis sanitaria se agudiza según especialistas y epidemiólogos debido a la difusión del contagio por coronavirus provocada por la utilización improvisada de conductores de vehículos del Estado obligados a realizar funciones de ambulancias, sin protocolos ni equipos de protección biológica. También las concentraciones masivas organizadas por el gobierno para la entrega de ayuda humanitaria, sin medidas ni protocolos de distancia social. Estas concentraciones sólo sirvieron para la publicidad del gobierno para mostrar la popularidad de Bukele y mantener su imagen mediática.

La crisis económica postpandemia ya asoma sus efectos en miles de empleos perdidos y empresas quebradas, una deuda externa sin precedentes en nuestra historia y la calificación de riesgo para inversión más alto de la región.

A estos impactos debemos sumar la pérdida total de la confianza y credibilidad de las instituciones del Estado debido a graves indicios y denuncias de corrupción atribuidos a  los funcionarios más cercanos a Bukele.

Y la crisis institucional, Bukele ha tratado en más de una ocasión de tomar el poder absoluto y desarticular a los otros poderes del Estado, pero no ha logrado obtener el visto bueno de sus padrinos del Norte, quienes más por temor a ver afectados sus intereses imperialistas que por su respeto a nuestra joven vida democrática, no han permitido que Bukele obtenga por la fuerza la autoridad total del Estado y la sociedad.

A lo largo de este tortuoso camino de 12 meses, lo único que se aproxima a políticas de gobierno es la mentira, la calumnia y la falta de transparencia, parece que cada vez que Bukele y sus funcionarios más cercanos planifican alguna acción de gobierno, parten de una mentira, la repiten 1000 veces y la convierten en una falsa verdad. Como casi todo en la creatividad de Bukele está forma de gobernar no es de su propia autoría, más bien una copia tropicalizada de viejos dictadores, quienes ahora ocupan las primeras posiciones en el basurero de la historia.

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