La Fuerza frente al Humanismo

El gobierno de Bukele ya es conocido por el abuso de la fuerza para tratar de imponer sus órdenes y decisiones. En todos sus actos públicos se exhiben militares con armas de guerra y policías también fuertemente armados. Ya rompió el récord salvadoreño se seguridad de un presidente, porque ni en la guerra se vio tal despliegue de fuerzas.

Es evidente que Bukele cree en el uso de la fuerza como la solución a los problemas de los salvadoreños en este momento crítico por la emergencia socio sanitaria producto del coronavirus.

Se equivoca claramente. Las primeras acciones para atender y humanizar la cuarentena de los desafortunados compatriotas que arribaron al país el día de cierre de las fronteras, no fueron proporcionadas por Bukele ni sus uniformados funcionarios: los alimentos, el agua y los materiales de higiene personal fueron compartidos entre los mismos ciudadanos en cuarentena, luego vino la ayuda de las familias de las personas encerradas, después los alcaldes, en fin, todos menos a quien le corresponde: al gobierno y Bukele.

Además, ante el ofrecimiento de Cuba de ayuda y tratamientos para los salvadoreños, tal como lo hizo con China, España e Italia, Bukele no respondió, ni siquiera con una simple gracias.

Tal parece que su soberbia le impide aceptar el humanismo de un pueblo y un gobierno que siempre han sido solidarios con quien lo ha necesitado o no comprende que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Pareciera que prefiere rezar a los demonios del mercado, a ver que otro negocio logra concretar.luego vino la ayuda de las familias de las personas encerradas, después los alcaldes, en fin, todos menos a quien le corresponde: al gobierno y Bukele.

Además, ante el ofrecimiento de Cuba de ayuda y tratamientos para los salvadoreños, tal como lo hizo con China, España e Italia, Bukele no respondió, ni siquiera con una simple gracias.

Tal parece que su soberbia le impide aceptar el humanismo de un pueblo y un gobierno que siempre han sido solidarios con quien lo ha necesitado o no comprende que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Pareciera que prefiere rezar a los demonios del mercado, a ver que otro negocio logra concretar.

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