La realidad más allá del discurso

El 31 de mayo fue un triste día para los salvadoreños: la naturaleza nos golpeó nuevamente con una tormenta tropical que provocó 15 ciudadanos fallecidos, 7 desaparecidos y 12,000 personas afectadas, según un balance preliminar hasta este 1 de junio, cuando todavía no están todos los datos de las pérdidas económicas o de infraestructura ya que la emergencia por lluvias aún no termina.

Bukele dio la cara, pero hubiera sido mejor que no la viéramos, pues como en sus neuróticas cadenas de televisión, no dijo nada que nos mostrará liderazgo o buen gobierno, más bien reiteró su soberbia al responder las pocas preguntas de los periodistas, enojado y sin tomar en serio los temas que le consultaron.

A la interrogante de por qué no ha nombrado a los gobernadores departamentales, se limitó a llamarlos inútiles y hasta los comparó con una maceta, ignorando por completo el papel de estos funcionarios, que según la estructura jurídica del Estado representan al presidente  en los departamentos y conducen las acciones de prevención y atención de emergencias y desastres en cada territorio, y coordinan las acciones de las otras instituciones para la ejecución de las políticas de gobierno, entre ellas la protección civil.

Nuevamente por no hacer la tarea o leer los informes de sus propios funcionarios, Bukele olvidó que al menos 6 de sus ministros y presidentes de autónomas han sido gobernadores durante los 10 años de gobiernos de izquierda y precisamente su capacidad y experiencia en los asuntos del Estado provienen de esa labor gubernamental.

También tristemente vimos al Ministro de Gobernación hablando sin decir nada, eso sí vestido a la moda, bien afeitado y con chaqueta y gorra de marca, evadiendo dar cifras estimadas de los daños, como pensando más las posibilidades de nuevos negocios con esta nueva emergencia y olvidando que la protección civil es una de sus funciones principales. Escuchar al responsable de dirigir la protección civil decir desconocer las afectaciones da una sensación de temor e impotencia, también de vergüenza.

Las primeras informaciones de la respuesta en la atención de las víctimas llegaron de las comunidades y de los gobiernos municipales, confirmando que sólo el pueblo salva al pueblo. Imágenes de humildes ciudadanos con palas, machetes y sus propias manos ayudando a sus vecinos, incluso pese a la pobreza y el hambre propiciadas por Bukele y su ilógico modo de enfrentar la pandemia por coronavirus, como hermanos salvadoreños comparten una tortilla de maíz, un poco de café y un abrazo de consuelo.

Muchos son los daños de esta tragedia, sumando la crisis sanitaria y económica producto de la pandemia por coronavirus. Estamos en una difícil situación, pero la solidaridad y espíritu de lucha de nuestro pueblo nos permitirán salir adelante.

Con Bukele y sus funcionarios no podemos contar, ya han demostrado su incapacidad e incompetencia, su decisión de hacer negocios con el sufrimiento de nuestro pueblo y sólo nos queda esperar a que la realidad los alcance, cuando no tengan a policías y militares que los protegían y el séquito de aduladores se callé, entonces no habrá teléfono tonto o inteligente ni vestuario a la moda que pueda protegerles de la esperada justicia.

Lunes 1 de junio de 2020

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