La respuesta de Bukele a la declaratoria de inconstitucionalidad de sus decretos

Poco o nada, ese el margen actual de maniobra política de Bukele para continuar con su opresivo modo de gobernar, pues tantos fueron los abusos de poder y las violaciones a los derechos humanos durante esta emergencia, que la institución responsable de administrar la justicia en El Salvador finalmente puso un límite a las repetidas violaciones a la ley por parte del gobierno.

La respuesta del gobierno derechista ha sido continuar la provocación a los diputados de la Asamblea Legislativa y a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Bukele y sus funcionarios prosiguen con el acostumbrado drama con acusaciones de conspiraciones para derrotar al presidente de la República y hasta de asesinar a la población por no cumplir con los caprichos y la voluntad absoluta de Bukele en el manejo de la emergencia por coronavirus y por la tormenta Amanda.

El límite de la tolerancia de los otros órganos del Estado parece agotado y hasta los partidos de la derecha empresarial y agraria han manifestado claras posiciones políticas sobre las actuaciones del Ejecutivo.

Incluso uno los grandes aliados de Bukele, el embajador norteamericano, hizo un claro regaño o jalón de orejas a su protegido, por poner en riesgo la gobernabilidad del país, pero principalmente por las múltiples denuncias de graves violaciones a los derechos humanos recibidas en Departamento de Estado y el Congreso, las que finalmente producirán migraciones irregulares hacia los Estados Unidos y por lo tanto más crisis en el territorio imperial.

Bukele también ha perdido espacios con algunos aliados de la clase media y de los tanques de pensamiento de las derechas, que ven con temor el rumbo político del país, pero principalmente por el desastre económico gracias a los inconstitucionales decretos ejecutivos y el permanente acoso y represión del oscuro ministro de Trabajo hacia los sectores productivos.

¿Qué le queda a Bukele para mantener su autoridad y poder?, aparentemente nada por hacer, al menos en el marco del Estado de derecho, pero como es ya su costumbre libera de sus correas a su matones mediáticos dirigidos por su ministro estrella para el trabajo sucio, Rolando Castro.

También activa con dinero a sus supuestos líderes sindicales, quienes reinician sus amenazas de golpe de Estado contra los enemigos del presidente y vuelven a sus llamados a la insurrección y violencia, se manifiestan, cierran calles, amenazan con incendiar vehículos y agreden a periodistas y ciudadanos. Todo esto violando una cuarentena vigente y que tanto exige Bukele, y custodiados por la Policía Nacional Civil, con la complicidad de su director general, que actúa más cono matón a sueldo que funcionario público.

Para el pueblo Bukele no tiene respuestas ni soluciones, la comida prometida para aliviar las afectaciones por coronavirus y por la tormenta Amanda sigue sin llegar, los hospitales nacionales están colapsados, los nuevos y millonarios hospitales prometidos para aliviar la pandemia no existen y los pequeños productores y comerciantes siguen sin poder trabajar ni producir.

En conclusión, Bukele no tiene respuestas ni soluciones a los grandes problemas de los salvadoreños y su conducta se aleja cada día más del ideal de un mandatario democrático y se acerca con cada acción a la de un vulgar dictadorzuelo.

Jueves 11 de junio de 2020

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