Los errores de Bukele los paga el pueblo

Muchos son los testimonios de ciudadanos afectados por las autoritarias políticas de Estado ejecutadas por el presidente Bukele y su gobierno: pacientes de cáncer o insuficiencia renal,  trabajadores de la industria estratégica,  proveedores de la cadena de suministros alimenticios y ciudadanos con la urgencia de alimentos o medicinas.

En cada uno de esos testimonios hay una dolorosa tragedia, pero parece que a Bukele no le importa y todo indica que su humanismo le llegó en la misma proporción que su formación académica,  o sea, nada.

La dimensión de esta tragedia social no podrá ser totalmente conocida hasta que termine el estado de sitio y podamos contar los muertos por coronavirus, cáncer, falta de medicamentos  o hambre. También tendremos que hacer otros recuentos, como el de empleos perdidos y empresas quebradas.

En este difícil momento debemos sumar a los desastres gubernamentales el reclamo de varias empresas internacionales a empresas salvadoreñas por incumplimiento de contrato, al no poder cumplir con la producción esperada por no tener trabajadores operando. Sólo la industria maquilera advierte la pérdida  de 20 mil empleos para el próximo mes, mientras los pequeños productores y comerciantes manifiestan haber perdido sus inventarios y su capital de trabajo.

Para el ciudadano común la amenaza de escasez y el incremento de los precios de la canasta básica también se presenta y a los más pobres el hambre ya estruja sus estómagos.

El presidente Bukele y sus funcionarios, desde sus ministros hasta sus creativos operadores de su imagen, son culpables de esta tragedia,  y como a muchos oficiales, mandos y agentes de la seguridad pública les aguardan innumerables demandas judiciales por abusos de fuerza, detenciones ilegales e incluso tortura. También habrán médico demandados por negligencia, encubrimiento o negar información a sus pacientes.

El propio Bukele sabe que deberá rendir cuentas a la justicia, pues ya son de conocimiento público las compras amañadas, la sobrevaloración de las canastas de alimentos para los más pobres, también la distribución politizada de estas ayudas y los contratos millonarios a sus familiares y amigos.

El prometido hospital más grande de Latinoamérica, que pese a la millonaria inversión no puede verse todavía, y muchos otros actos de corrupción,  también son de conocimiento general.

Con sus actos autoritarios, millonarios favores a sus familias, socios y amigos, la galopante corrupción de su gobierno, su popularidad se derrumba. Esperemos que cuando a Bukele le llegue el momento comprenda que a lo largo de la historia un dictador es tan sólo un dictador y la dolorosa historia de sus crímenes nadie la borra de la memoria de los pueblos.

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