Más mentiras y menos resultados en gobierno de Bukele

Esta última semana de mayo, la última del primer año de gobierno de Bukele, transcurre sin mayores cambios o resultados que signifiquen algo positivo para los salvadoreños, sino todo lo contrario, la profundización de la crisis económica, social y política y con ello más  angustias para la población.

La declaración presidencial de la etapa 3 de la pandemia no causó ningún sobresalto porque los anunciados «contagios masivos y colapsó de los hospitales para atender la emergencia por coronavirus» son situaciones que ya esperaban los salvadoreños.

Las nuevas mentiras no sorprenden a nadie y cínicamente el Ministro de Salud negó contagios en los centros penales, pero de manera insólita casi inmediatamente, confirma más de 100 contagios en la población penitenciaria. La pregunta lógica es ¿cómo se contagiaron, si están supuestamente aislados?

También las redes sociales y la denuncia ciudadana filtraron una nota oficial donde se ordena no realizar más pruebas para coronavirus, pues dicen las autoridades que ya en la etapa 3 no tienen sentido.

Un epidemiológico afirma que los contagios locales masivos tienen como origen el mal manejó del gobierno de Bukele de la emergencia por coronavirus y que los principales vectores de transmisión han sido los que atienden directamente la pandemia: policías y militares, personal médico y de logística, motoristas, quienes nunca recibieron los equipos de protección biológica.

Un especialista internacional asegura que la cuarentena obligada, las detención ilegales, los cierres de calles, los estados de sitio municipales, los abusos de poder, las violaciones a los derechos humanos, la paralización del sistema de transporte público y el paro obligado de la actividad económica, no sirvieron de nada, porque la enfermedad se transmitió por la falta de planes, protocolos y experiencia de Bukele y sus funcionarios.

Algunas instituciones vigilantes de los procesos democráticos de la región advierten graves violaciones a los derechos humanos y peligrosos retrocesos en nuestro estado de derecho a causa del autoritarismo y despotismo de Bukele.

Finalmente, es importante resaltar que la histérica y agresiva conducta de Bukele parece contagiosa y sus funcionarios más cercanos, incluidos los de su equipo negociador para la formulación de la ley de emergencia, también responden con pataletas, gritos y amenazas los argumentos razonados de la oposición.

En ese ambiente de prepotencia ya son habituales las amenazas de los miembros del gabinete, al extremo de ver, en una transmisión en vivo, a Ernesto Castro, secretario privado de la presidencia, amenazar con movilizar matones para agredir a los diputados con los que está en una mesa de negociaciones.

A estas alturas de la crisis sanitaria y económica producto de la pandemia de coronavirus, Bukele y sus funcionarios ya deberían entender que no tienen el poder absoluto y que actuar como un grupo de matones no mejorará su gobierno, por el contrario, sólo lo empeoran, y que su neurótico modo de gobernar no asusta a nadie, menos a un pueblo como el salvadoreño,on una larga tradición de lucha. Sábado 30 de mayo de 2020

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