Reflexiones, culpa y redención

Un año, un mes y 5 días desde que Bukele asumió la conducción del gobierno en El Salvador, este ha sido un largo año en nuestra historia, año difícil para la sociedad salvadoreña, de regresión y destrucción de los avances democráticos y de las condiciones de vida de los salvadoreños más vulnerables.

Los grandes perdedores de este retroceso político y social han sido los niños y niñas , las mujeres, la comunidad LGTBI, los veteranos de guerra, los agricultores, los ganaderos, los académicos y los defensores de los derechos humanos y la Constitución, los luchadores por la transparencia y los impulsores de leyes anticorrupción.

El gobierno de Bukele rápidamente desnudó su verdadero rostro de gobierno de derecha neoliberal, desde el primer día mostró el hierro sin piedad y destituyó a miles de empleados públicos, que a juicio de Bukele y sus funcionarios estaban relacionados con el partido de izquierda; luego también a los sindicalistas de base o dirigentes que no podían ser comprados ni demostraran sumisión al nuevo gobierno; después desarticuló las unidades de acceso a la información pública, otro de los avances logrados por los gobiernos de izquierda para evitar la corrupción, también destituyó a los técnicos que la hacían funcionar, simultáneamente sustituyó a los técnicos de las áreas financieras y de la direcciones de contrataciones públicas de todos los ministerios, desarticuló las secretaría de Inclusión Social y los programas de apoyo a la mujer y de diversidad sexual, desmanteló los proyectos e instalaciones de Ciudad Mujer, los programas de seguridad alimentaria, alimentación escolar gratuita, parques cafetaleros y atención médica a los veteranos de la guerra.

Desde el inicio del gobierno de Bukele se instala un pacto criminal con las pandillas, disminuyendo los homicidios a cambio de mantener las extorsiones y el control de sus territorios incluso con el apoyo y complicidad de la Policía Nacional Civil y las Fuerza Armada, instalándose un modelo de co-gobierno criminal.

Como parte de esa alianza con los criminales, Bukele desmanteló la unidad antipandillas y nombra como jefe de la inteligencia policial a un reconocido y cuestionado oficial de la PNC por sus vínculos con estructuras criminales operadoras del tráfico de drogas. Es de conocimiento público que también el gobierno de Bukele disminuyó las incautaciones de drogas hasta el punto de la vergüenza de ser el país peor calificado en la lucha contra el narcotráfico en la región.

Todos los salvadoreños vimos con preocupación el intento de golpe de Estado contra la Asamblea Legislativa el 9 de febrero de éste año, los ataques contra la Corte Suprema de justicia y el fiscal general de la República, los decretos ejecutivos inconstitucionales y las medidas opresivas durante la cuarentena por coronavirus y el colapso del sistema hospitalario por falta de equipos de protección biológica al personal médico y la ausencia de un plan ordenado para atender la emergencia por esta mortal enfermedad.

Sin embargo, después de este año de regresión y debilitamiento de nuestra democracia, muchos ciudadanos reconocen el gran error de haber votado por Bukele, muchos dicen haber sido engañados con un discurso populista anti partidos, otros aducen desilusión por lo que consideran  limitados avances económicos de los gobiernos de izquierda y el enfrentamiento permanente con las derechas empresariales, mientras sectores de clase media manifiestan haber dado su voto a Bukele por su malestar por la carga tributaria que permitía la operación de los programas sociales impulsados por la izquierda.

Estos mismos sectores de la sociedad salvadoreña que dieron su voto por Bukele dicen estar profundamente arrepentidos, preocupados y afectados por las autoritarias políticas de Estado ejecutadas por el presidente y sus funcionarios, muchos han perdido sus empleos o sus fuentes de ingresos, también su preciada libertad de expresión, muchos manifiestan tener temor o haber sido amenazados por los mercenarios virtuales pagados por Bukele. Estos mismos ciudadanos dicen extrañar la modestia del «Profe » refiriéndose al ex presidente Salvador Sánchez Cerén, su modo suave de expresar sus mensajes y, sobre todo, su respeto a nuestra institucionalidad democrática.

Se aproxima un nuevo evento electoral para seleccionar a los diputados y alcaldes que nos representarán, debemos recordar los avances democráticos construidos desde la izquierda revolucionaria, evaluar lo que hemos perdido con este gobierno esquizofrénico de extrema derecha neoliberal y aún más grave, lo que podríamos perder si le permitimos a Bukele consolidar el poder con una mayoría parlamentaria, ya es conocida la agenda de la derecha neoliberal, privatización del agua, las carreteras, la salud pública, la educación, cualquier recurso del Estado salvadoreño que pueda darles ganancias y hacer negocios corruptos.

Es nuestro deber principal hacia la sociedad salvadoreña reflexionar sobre el futuro de nuestra sociedad y redimir nuestros errores, porque es de humanos equivocarse y de sabios, corregir.

5 de julio de 2020

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