Sobre el artículo:“El partido electorero que el burocratismo necesita”

El compañero Ricardo Ayala, secretario de educación del FMLN, escribió un artículo titulado “el partido electorero que el burocratismo necesita”, donde dice que la falta de combinación de las diferentes formas de lucha condujo al FMLN a una desviación electorera, que esa es una de las principales causas de las últimas derrotas electorales y que las nuevas autoridades del partido heredaron ese problema. Pero Ayala no demuestra lo que dice y solo “teoriza” sobre el tema.

El asunto de la vía de la revolución ha sido abordado por la izquierda mundial desde hace más de un siglo. Desde finales del Siglo XIX los revisionistas planteaban el acceso a espacios de poder por la vía electoral para cambiar la sociedad de forma evolutiva; luego los bolcheviques plantearon la insurrección en Rusia, Rosa Luxemburgo planteó la huelga en Alemania, Mao puso en práctica la guerra, Fidel la guerra combinada con la huelga, los sandinistas la guerra combinada con la insurrección y Chávez demostró la viabilidad de la vía electoral. Si hay un tema donde ya no se puede dar cátedra es ese. Y es obvio que la vía no consiste en aplicar una sola forma de lucha, exclusiva, única.

Ninguna guerra carece de lucha de masas, propagandística, económica, diplomática…Ninguna batalla electoral deja de lado la organización y movilización del pueblo, la propaganda, las alianzas, la búsqueda de apoyo internacional, entre muchas otras acciones. La huelga y la insurrección también combinan otras formas de lucha.

¿Por qué Ayala intenta dar cátedras sobre este asunto? Por la necesidad de seguir atacando a un grupo de la anterior dirección para justificar (él y sus jefes) su lucha por el control interno del partido, en vez de batallar contra el enemigo principal (que Ayala confunde con el estratégico), compuesto por el bloque integrado por imperialismo norteamericano y el gobierno de Bukele. Ayala y algunos de sus amigos de la CP no luchan contra ese enemigo, con el que quieren dialogar, según se desprende del planteamiento estratégico que quisieron imponer en la dirección del partido. Hasta el término gobernabilidad están utilizando, como si Bukele necesitara al FMLN para gobernar y como si el gobierno de Bukele fuera beneficioso para el pueblo.

Cuando el FMLN escogió la guerra como vía de la revolución no se limitó a la lucha armada y cuando escogió la lucha político electoral la combinó con la propaganda, las alianzas y otras formas de lucha. Por supuesto, en la forma principal de lucha y las otras formas que le acompañan se pueden cometer errores y tener aciertos. Siempre es posible que haya una desviación militarista, electoralista o  insurreccional. Se puede santificar una huelga que termine en un fracaso. Pero también se pueden cometer errores en materia de organización, propaganda, alianzas y otras acciones que se articulan con la forma de lucha principal.

Entre 1994 y 2015, el FMLN avanzó de manera casi continua por la vía electoral, pues solo en 1999 tuvo un descenso. Incluso ganó dos elecciones presidenciales. Parece que la criticada desviación electorera no daba malos resultados, sin negar la justeza de algunas críticas que se hacían desde entonces.

Desde hace años se habla de la falta de comités de bases y se dice que el partido abandonó la formación de su militancia. Si hay esa afirmación tiene algo o mucho de cierto, Ayala tiene derecho a quejarse pero debería reclamarle principalmente a los jefes del grupo donde él se ha ubicado, quienes tienen al menos 15 años al frente de las secretarías de organización y educación y han contado con muchos recursos para trabajar.

Sobre el tema electoral, en el documento que presentó en la CP el grupo al que pertenece Ayala, se dice que “la simpatía y el apoyo de amplios sectores pobres y capas medias urbanas y rurales del país hacia el gobierno y el FMLN se mantuvieron altos hasta mediados del año 2017 y las posibilidades de ganar un tercer gobierno del FMLN eran muy claras…” O sea, hasta ese momento la lucha electoral era exitosa y daba para una tercera gran victoria. Pero de pronto nos enteramos de que, según el artículo de Ayala y los que piensan como él, las derrotas de 2018 y 2019 se debieron en gran medida a la desviación electoral y al abandono de otras formas de lucha.

Pero el enredo sobre la vía no termina ahí. En el documento al que hacemos alusión se dice que “la simpatía y el apoyo popular al gobierno y al partido comenzó a deteriorarse a partir del manejo inadecuado que se hizo del caso Bukele al interior del Frente”. Si eso fuera cierto, entonces la derrota no se debió a las desviaciones electoreras sino a una sola causa: el mal manejo del caso Bukele, o sea, su expulsión. Eso no solo es erróneo, sino que borra todo lo que se dice en el mismo texto (página 9) sobre las causas de la derrota: burocratización, pérdida de vínculo con el pueblo y falta de autocrítica y de correcciones. Ayala dice lo mismo en su artículo.

¿Qué fue lo que realmente sucedió desde finales de 2017? Que tras la expulsión de Bukele del FMLN, los dirigentes de Ayala no aplicaron los lineamientos estratégicos de la CP, declararon a Buekele su amigo (así lo dijeron en programas de televisión), le exigieron públicamente al secretario general del partido que hiciera alianzas con Bukele (un alcalde vinculado a Alba lo repitió en los medios de prensa de derecha) y terminaron apoyando una candidatura en el FMLN que antes consideraban socialdemócrata. La batalla contra el proyecto imperialista de Bukele la libró la parte de la dirección que hoy es acusada de electorera. Obviamente, en las derrotas electorales incidieron muchas causas, como algunas malas decisiones del gobierno (no avaladas por la CP), la pésima propaganda gubernamental, entre otras. Todo proceso es multicausal. Pero los jóvenes que destilan odio contra un sector del partido no aceptan esas fallas, porque sus jefes y ellos mismos tienen responsabilidades en ellas.

Si una parte de la militancia no logró identificar la naturaleza de Nuevas Ideas y de GANA y votó por Bukele, la secretaría de educación del partido debería asumir su culpa. Porque una cosa es aliarse con un burgués para lograr una determinada correlación de fuerzas contra el enemigo principal, como se ha hecho en todo el mundo y en todas las épocas, y otra cosas es no darse cuenta de lo que representa ese burgués cuando desata sus fuerzas contra un sector de la dirección, para tratar de controlar el partido y ponerlo en función de sus intereses. Si Bukele siguiera en el FMLN, controlaría el partido y lo pondría a apoyar su gobierno proimperialista.

Entender el proyecto de Bukele en 2017 requería previsión; plantearse el diálogo y la gobernabilidad con Bukele en 2019 es una ceguera política. Insistimos en este punto, porque ni Ayala ni sus compañeros de grupo definen una actitud contra el gobierno. ¿Son o no son oposición? Carlos Marx decía que no se puede juzgar a una persona por lo que piense de sí misma. Eso significa que lo que define a una persona no es la viñeta que se ponga, sino cómo actúa.

No hay dilema entre batalla electoral y otras formas de lucha. Hay que trabajar en todos los terrenos. Esa es tarea del partido, no solo de la dirección, que, además, no es enteramente nueva como insinúa Ayala para descargar sus críticas en ciertas personas.

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