Un año de Bukele: demagogia, mentiras, ataques, campañas de odio

Nuestro país se encuentra en el peor momento después de los Acuerdos de Paz, hace más de 28 años. Bukele no se comporta como auténtico presidente de nuestra República, es decir como presidente de todos los salvadoreños, hayamos votado o no hayamos votado por él.

En tan solo un año la lista de sus desplantes es larga: dice ante personalidades extranjeras que hay que «quemar a los políticos», sin quizá saber que él es político y actualmente uno de los principales del país; hace mofa en cadena nacional de sentencias de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia; mantiene reiterada y sistemáticamente un lenguaje confrontativo en contra de los órganos del Estado, en particular contra la Asamblea Legislativa, llegando hasta llamar delincuentes a los diputados; pide a las tropas del ejército que le juren lealtad, a él como persona y no a la República y a la Constitución, rompiendo con ello una conducta de nuestras Fuerzas Armadas calificada en el mundo como ejemplar, justamente desde la firma de los Acuerdos de Paz.

Intenta someter a su persona a la Asamblea Legislativa, llegando hasta enviar a matones de su servicio personal a violentar en plena luz del día los portones del edificio del palacio legislativo y ordenando acto seguido a soldados, uniformados y armados como en plan de guerra, a penetrar al Salón Azul. Todo, además del manejo autoritario actual relativo a la situación creada por la pandemia.

Así, hoy es imposible negar que en nuestro país existe inestabilidad política, inseguridad jurídica y zozobra social.

En cuanto a lo social

  1. Desmontaje de políticas y programas sociales, particularmente en educación y en salud. El daño al pueblo comenzó a agudizarse, con la suspensión de 14 programas sociales creados durante los gobiernos del FMLN; con la desarticulación de la red de atención primaria en salud, y su respectivo impacto negativo en el manejo de la actual pandemia; con el cierre del centro oftalmológico de San Vicente en el que en  un año eran atendidos 25 mil pacientes de forma gratuita; con la eliminación del programa nacional de alfabetización y con el retroceso al estancamiento del los presupuestos de la Universidad de El Salvador (UES), los que por primera vez en los últimos 10 años habían aumentado consecutivamente cada año.
  • Ola de despidos. Pocas horas después de su toma de posesión Bukele ordenaba el despido de trabajadores del sector público: 8,500  personas, sin contar sus familias. Hecho que se veía primeramente como cacería de brujas contra el FMLN, con la intención de justificarse ante la opinión pública, consternada ante esos atropellos.  Pronto sin embargo quedaba en evidencia que la mayoría de esos trabajadores tenían años de laborar en diferentes gobiernos; además de que muchos de ellos habían votado por él y descubrían que el gran engaño había sido que Bukele durante la campaña  se había presentado de izquierda. En pocas palaas: Bukele sacaba las uñas. 
  • Abastecimiento de agua contaminada a miles de hogares. La coyuntura de la distribución de agua no apta para el consumo humano generó durante semanas zozobra entre miles de familias  del gran San Salvador,  poniendo en evidencia la ineptitud  y falta de coherencia  del gabinete.

En cuanto a lo económico

  • Antes del COVID la economía ya había perdido dinamismo.  Independientemente de la situación económica desastrosa a partir del COVID, hay que recordar que desde antes del COVID hubo desaceleración económica que se registra en las siguientes variables: el consumo, que disminuyó por los despidos en el sector público, debido al  congelamiento salarial y a la pérdida de dinamismo del crédito a los hogares, que entre enero y mayo había crecido 6% y para noviembre solo 3.7%; en cuanto a la inversión privada, mientras entre enero-mayo el crédito a las empresas había aumentado 10% con respecto al mismo período del año pasado, para noviembre ya solo creció 5%; en cuanto a las importaciones de maquinarias y equipos, el aumento hasta mayo había sido de 4.8%, pero hasta noviembre solo de 1.5%.  El PIB, que en 2018 creció 2.5%, para 2019 perdió dinamismo y creció 2.2%

Era notoria además que la economía de las micro empresas y de trabajadores por cuenta propia en comercio y servicios estaba sensiblemente a la baja durante la temporada de diciembre, debida a la contracción del poder de compras de las familias, provocada por la incertidumbre generada por los despidos masivos en el sector público.  A todo eso se sumaba el inicio de un aumento en el costo de la canasta básica.  Hoy, con la pandemia los sectores más vulnerables están al borde del hambre.

  • Incapacidad de búsqueda de recursos. A todos los problemas señalados hay que agregar la gran incapacidad del gobierno y sus funcionarios para negociar en los mercados internacionales los 3 mil millones de dólares que la Asamblea le aprobó para la emergencia. Las continuas declaraciones del presidente Bukele y el ministro de hacienda, sobre la incapacidad del Ejecutivo para pagar salarios (a pesar de que tienen suficientes recursos para ello, pues contrajeron deuda de LETES y CETES por 974 millones), ha incidido en la baja de la calificación de riesgo del país.

En cuánto a lo político

  • Un gobierno sin plan que incumple la Constitución. Bukele nunca presentó el Plan General de Gobierno, exigido en el artículo 167 de la Constitución. Nunca formuló  el Plan de Desarrollo, Protección e Inclusión Social, establecido en los artículos 11 y 12 de la Ley de Desarrollo y Protección Social de El Salvador. Ha nombrado con retrasos  jefaturas claves, creando desorden e inestabilidad jurídica, por ejemplo en el rubro de vivienda.  Ha violado el articulo 200 de la Constitución que lo mandata al nombramiento de 14  gobernaciones,  lo que ha impactado negativamente en la capacidad operativa de un manejo descentralizado y con conocimiento de terreno de la pandemia.
  • Política exterior conflictiva y sumisa  a Trump. Comenzó montando conflictos diplomáticos con México, Honduras, Nicaragua y recientemente con Costa Rica. Respecto a Venezuela se ha revelado obediente instrumento del Departamento de Estado, pues no solamente expulsa a diplomáticos venezolanos sino que al mismo tiempo reconoce como presidente a una figura que jamás  ha sido elegido por su pueblo. 
  • Una oscura política de seguridad. A pesar de que la inseguridad es un problema generalizado en el país, que afecta a la gente más pobre y vulnerable, Bukele jamás ha presentado un plan de abordaje de este fenómeno. Su mal llamado Plan Control Territorial nunca ha contado con respaldo técnico ni con un presupuesto claramente definido a presentarle a la asamblea legislativa.  
  • Gobernabilidad a base de amenazas, campañas de pánico hasta el vergonzoso atentado a la Asamblea Legislativa.  Tanto en el manejo de la política de seguridad como hoy en el manejo de la emergencia de la pandemia, ha quedado  evidenciado el estilo de gobernar de Bukele:  autoritario, excluyente, demagógico, mentiroso y con  ADN fascista.  El 9 de febrero de este año militarizó el recinto legislativo y ordenó   persecución política contra diputados de la oposición, principalmente del FMLN. Este hecho fue condenado por el pueblo y rechazado por la comunidad internacional.
  1. Manejo autoritario de la pandemia, improvisado y sin transparencia.

Desde marzo Bukele tomó medidas autoritarias, sin involucrar a otras organismos del Estado y sin convocar  a un equipo multidisciplinario especializado en manejo de emergencias sanitarias y epidemiológicas; por ejemplo el cierre sin aviso previo del aeropuerto internacional, dejando a más de 4 mil salvadoreños sin poder volver a sus casas;  imposición de la cuarentena en centros de contención de manera tan  improvisada  que éstos pronto se convirtieron en centros de contagio.

  Cuando la Asamblea Legislativa empezó a crear las bases legales para el ataque a la pandemia,  Bukele hizo oídos sordos, imponiendo  medidas de restricción de movilización del pueblo, lp que fue declarado por la Sala de lo Constitucional violación de garantías y derechos constitucionales. Pero Bukele no ha respetado hasta hoy esas  resoluciones. El gobierno sigue  manteniendo el monopolio absoluto del manejo de la estadística de los casos  infectados,  lo que mina la confianza de la población. Otro elemento alarmante ha sido la opacidad en el manejo de fondos en el marco de la emergencia, al grado de provocar la renuncia de personalidades importantes que formaban parte del comité de supervisión de esos fondos. Y  se niega a aceptar y cumplir la ley de acceso a la información pública. En resumen: en el gobierno conducido por Bukele  prevalecido la improvisación, la imposición, la falta de diálogo, la arrogancia y un elevado nivel de corrupción en el manejo de los recursos de la emergencia que ya superan los 4 mil millones de dólares.

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