Una catástrofe llamada Bukele

Haciendo un monitoreo de la situación del país, incluidas visitas a varios municipios de San Salvador y La Libertad, además con el apoyo de colegas de la zona oriental, logramos obtener testimonios de ciudadanos salvadoreños que amablemente nos expresaron su impresión sobre la situación de emergencia por coronavirus y la tormenta Amanda.

Aquí un resumen de estas opiniones:

Por las carreteras es difícil transitar, hay derrumbes y promontorios de escombros, basura, restos de muros y paredes, árboles y ramas, no hay nadie limpiando o recogiendo los obstáculos, tampoco policías y militares orientando el tráfico, no se ven señales de alerta o riesgo de derrumbes o inundaciones, sólo destrucción.

Lo más visible son innumerables banderas blancas escurriendo agua, una súplica silente de la necesidad de alimentos y ayuda humanitaria, mientras en algunas comunidades de notoria precariedad y en zonas de riesgo inminente, algunos pobladores se auto evacúan, simplemente saliendo a la carretera o camino e instalando un techo aún más precario.

En esta tragedia, el Estado no existe: nadie ayuda, no hay rescate o ayuda visible, no hay equipos de protección civil ni maquinarias de Obras Públicas, tampoco militares o policías ayudando, simplemente el gobierno está ausente.

En los publicitados albergues la situación es muy similar, no hay agua ni alimentos, algunos alcaldes tratan sin recursos de dar algún apoyo, los alimentos escolares, considerados una reserva estratégica en los anteriores planes de emergencia de los gobiernos de izquierda, fueron retirados por orden de casa presidencial para atender la emergencia por coronavirus, pero nadie sabe responder a donde se los llevaron y quienes los recibieron. En los albergues no existe ninguna coordinación o estructura de protección civil, simplemente no hay nadie a cargo de la atención a los albergados.

Bukele en su aislada torre de prepotencia, protegido por los muros de su propia ignorancia, simplemente no tiene la menor idea de qué significa la protección civil, tampoco sus funcionarios, quienes creen que los manuales de internet y una chaqueta naranja los ha preparado para sus cargos.

La trágica realidad que sufre nuestro pueblo nos golpea en la cara, no hubo plan invernal, tampoco alerta temprana, mucho menos obras de mitigación o evaluación de riesgos, simplemente Bukele y sus funcionarios propiciaron este desastre, no por hacer llover, más bien por no prepararse.

Bukele, como en el cuento de la cigarra, se dedicó a cantar y a insultar y con sus locuras y su «cuarentena especial», no permitió que las hormigas se prepararán para el invierno.

La emergencia aún no finaliza, más bien las lluvias y el coronavirus continúan. Ahora vienen los efectos inmediatos, las vidas pérdidas, las cosechas anegadas, las carreteras y puentes destruidos, con el agravante de las reservas estratégicas para las emergencias no existen, ni materiales ni humanas. Bukele ordenó sustraer los alimentos de las escuelas y un almirante sin barcos ni experiencia en el mando no consideró la necesidad de disponer de reservas de tropas en caso de otra emergencia, justo como está tormenta.

En cuanto al director de la Policía, posiblemente debido a que la obesidad le llegó al cerebro, con prepotencia y sangre militarista agotó con exceso de turnos a sus agentes y no entregó equipos de protección biológica a los policías que enfrentaron la pandemia en primera línea y 700 fueron contagiados, y como resultado de todos estos desatinos, no dispone de agentes para esta nueva emergencia.

Por ahora parece que Bukele duerme y descansa mientras el pueblo sufre y padece por su incapacidad. Veremos qué pasa cuando despierte y a quien culpa está noche por nuestras desgracias, o más bien de la catástrofe llamada Bukele.

Miércoles 3 de junio de 2020

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *